| on 01-04-2007
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Extractos de la conferencia dada en Barcelona por Prem Rawat. Este es el primer evento que realizó Prem Rawat el 4 de marzo en España en su nueva gira mundial. Los temas de los que habla en esta conferencia versan sobre la realidad del presente, la religión como fuente de explicación y los deseos. Estos extractos se han sacado e internet. Feliz año nuevo! (Risas) Ya sé que estamos en marzo, y una vez más ha llegado la primavera. Ayer, en India...
Lo que algunas veces olvidamos, y no es sólo a veces, sino la mayoría de las veces, es qué es lo que cambia y qué es lo que permanece. Hay un hermoso dicho de Kabir... que esta ilusión, esta “Maya” no muere. La mente que persigue la ilusión, no muere. Lo que muere, ése eres tú. Las esperanzas no mueren. ¡Lo que muere eres tú!... Así que aquí estamos, sobre la faz de la Tierra, y estamos tratando de conquistar esta gran ilusión, este engaño. Y, según Kabir, esto seguirá ocurriendo... Hay personas que se dedican a conquistar la mente. La mente les dice: “¡Conquístame! ¡Inténtalo!”. Todo aquello que tan desesperadamente quieres controlar seguirá aquí. La única cosa que no lo hará, eres tú. Tú eres la variable. No son los árboles los que se están moviendo, ni las casas. ¡Eres tú el que te mueves! Hemos intentado explicárnoslo todo. Queremos explicaciones. Queremos explicar lo que es Dios. No hace mucho tiempo, quizás unos tres o cuatro días, estaba teniendo una entrevista con la Revista “Dye” de las Islas Mauricio, y estábamos diciendo que hay demasiadas explicaciones. Les decía: “Sí que las hay”. ¿Y a quién se le considera que lo hace bien? Al que puede encontrar la mejor explicación. La gente quiere explicar la vida, explicar lo que es el bien y explicar lo que es la verdad. Y estas cosas sólo pueden ser sentidas! ¡No puedes explicarlas! No puedes explicar el aliento, necesitas respirar. No puedes explicar el agua; si tienes sed, necesitas beberla. No puedes explicar la comida; si tienes hambre, necesitas comer... Estar vivo significa estar totalmente claro, sin tristeza, ni lamentándose. Déjame que te haga una pregunta, ¿cuánto tiempo llevas deseando cosas? Lo sé. Has estado deseando desde que eras muy joven. ¿Y no decías al final de cada deseo... al final de cada deseo no te decías a ti mismo que “si esto se vuelve realidad, ¡esto sería lo definitivo!?”. (Risas) ¿Y cuándo ha ocurrido eso? ¿Cuándo? Incluso si el deseo se hizo realidad, ¿dejaste de desear? ¡No! Un nuevo deseo. Tienes a dos jóvenes deseando encontrar la pareja ideal. El chico está deseando encontrarse con la chica perfecta, y la chica está deseando encontrarse con el chico perfecto, y eso sería todo. “Sería fantástico, eso es todo lo que quiero”. Así que se encuentran... ¡Ah! Un nuevo deseo: encontrarse de nuevo, y de nuevo. No es que en la vida tus deseos no se hayan vuelto realidad. De hecho, si miras hacia atrás en tu vida, se han vuelto realidad más deseos de los que ni siquiera te preocupas por recordar. Pero nunca tuviste cuidado con lo que deseabas. ¿Cuántos deseos se han vuelto realidad? Sorprendente. Pero, ¿qué es lo que deseas? ¿Deseaste satisfacción? No. Usaste tus deseos para tratar de estar satisfecho de la forma en que tú crees que se consigue la satisfacción. ¡Incorrecto! Te decías a ti mismo que “si tengo un coche en lugar de una motocicleta...” No, primero, estabas en lo que yo llamo “el autobús once”, yendo a pie. Caminabas y de esta forma te mantenías sano. Y luego, ¿qué es lo que deseaste? Deseabas tener una bicicleta, entonces podrías ir más rápido. Y ahora tienes una bicicleta, pero ahora tienes problemas. Alguien te puede robar la bicicleta. Y, entonces, tienes que comprar un candado y una llave... Luego deseaste una motocicleta. Entonces todo estaría bien. Ahora, por supuesto, tienes una motocicleta y quieres tener un casco, por si te caes, y tampoco quieres romperte los codos... y aquí hay más problemas. Pero, ¿deseaste que la motocicleta desapareciera? No, pero ahora quieres un coche. Y para el momento en que consigues el coche, incluso te has olvidado por qué necesitabas un coche. Pero ahora tienes un coche... y todos los problemas: consigues el permiso de conducir, el seguro, mantenimiento, tienes el coche limpio. Pero entonces, cuando deseabas un coche, tu coche nunca necesitaba gasolina. Cuando deseabas un coche, nunca necesitaba mantenimiento. Nunca necesitaba una rueda de repuesto. Nunca tuvo ningún problema... era el coche perfecto, iba más rápido de lo que es humanamente posible. Y lo tenía todo. Nunca se calentaba, nunca se enfriaba, siempre tenía la temperatura perfecta, porque todo estaba en tu imaginación. ¿Y qué te has imaginado para ti mismo? Desafortunadamente, incluso te imaginaste tu propio Dios, cómo debería ser Dios, con un poco de ayuda de algunos amigos, quienes te susurraban al oído “Dios es de éste y de este otro modo”. (Risas) Y te habías imaginado a Dios. Y no solamente te imaginaste a Dios... Te has imaginado toda tu vida y cómo va a ser, ¿no es cierto? ¿No lo has hecho? Y en tu imaginación tienes una idea perfecta, perfecta... como tu coche que nunca necesitaba gasolina, la temperatura era siempre perfecta, nunca se rompía, nunca necesitaba lavado ni darle cera, ni necesitaba aparcamiento. (Risas) Así que también en tu imaginación está la liberación y lo que se necesita para la liberación, y en tu imaginación cabe toda esta existencia y todo lo que necesita. Y día tras día, este monstruo que has creado en tu imaginación no podría sobrevivir... nunca podría sobrevivir; pero lo sigues alimentando con explicaciones. Tienes que explicarte todo lo que pasa, y cada día tienes que explicarte lo que significa estar vivo. Cada día tienes tus excusas de por qué fuiste incapaz de sentir gratitud, de por qué has vivido otro día inconscientemente. De por qué todo eso que tú sabes que es bueno en el fondo de tu corazón todavía no lo vives. Que otro día y otro día pasan... y antes de que te des cuenta se te acaban los días. Y entonces sabes, sabes todo aquello que no deberías haber hecho... ¡ahora lo sabes! Ahora lo sabes. Ahora finalmente sabes, sin ninguna duda, todo lo que deberías haber hecho; pero no tienes los medios para hacerlo. Impactante. ¿No es así? Y la gente tiene explicaciones también para eso. “La vida es cruel”. “¡Oh! Está bien, volveré”. (Risas) “Volveré... volveré de nuevo a este mundo”... Este aliento te está llegando en este momento. Que viene y te da la vida. Y porque estás vivo, de todos los sentimientos que puedes sentir, hay uno que es el sentimiento supremo... y se le llama “alegría”. Y de todos los estados en los que puedes estar, hay uno que es el estado supremo. Y de todas las cosas que puedes tener en este momento, hay una que es la más suprema de todas, y ésa es esa satisfacción, esa paz. Y ésa es la posibilidad. Ésa es la realidad, ésa es tu realidad. No es una explicación, ¡no lo es! Es la realidad que sientes. La posibilidad de sentir cada día. No una sola vez, ni dos, sino cada día, cada momento, por el resto de este viaje, durante el resto de este viaje... Y lo que te estoy diciendo es que más explicaciones no es lo que necesitamos. Lo que necesitamos es agua real para calmar la sed. No otra explicación sobre el agua. Lo que necesitamos es comida auténtica para satisfacer el hambre, de otro modo nos vamos a ir hambriento de aquí. ¿Tienes que ser un genio para saber eso? Si tenías hambre y fuiste a un restaurante pero no comiste nada y te fuiste, seguirás teniendo hambre. Porque para satisfacer el hambre, no se trata de explicaciones, no se trata de ideas, no se trata de estar cerca de la comida. “Pero estuve tan cerca de la comida... estaba tan cerca”. ¿Os podéis imaginar, si ése fuera el caso, que la gente hambrienta se acercara a un restaurante y que de ésa forma se quedaran satisfechos? (gesto de oler la comida) “¡Esto fue increíble! ¡Esto fue fantástico! ¡Me sentí tan refrescado!”. De esta forma, el hambre en el mundo probablemente se habría resuelto hace mucho tiempo, ¿no es cierto? Pones un pastel dentro de un recipiente transparente de plástico, cierras tus ojos, te enfocas en él y luego se lo pasas a otro, y el hambre se ha ido. Tú estás satisfecho y el recipiente está intacto. Y luego se lo pasas a otro, y luego a otro, y el problema de la comida desaparecería. Esto no lo podemos hacer Todas estas cosas que hacemos no son válidas cuando llega la realidad. ¿Y por qué no funcionaría? Es una idea sencilla, pero no funcionaría. Así que si sabemos que no funcionaría en esto, ¿por qué funcionaría con alguna otra cosa? ¿Por qué funcionaría en el mundo interior? ¿Por qué? ¿Es ese hambre por la paz una ilusión, o es real? El hambre de estar satisfecho, ¿es una ilusión, o es real? Muy buena pregunta. Y la respuesta es que no es una ilusión, es muy, muy real, toca a cada ser humano sobre la faz de la Tierra, y siempre ha sido así desde tiempo inmemorial. Y lo que la gente ha hecho es aprender cómo evadir este tema, no enfrentarse a él; sino evadirlo. La paz es real, la alegría es real, la satisfacción es real. Año tras año, generación tras generación. Por supuesto, como cualquier otra cosa, aquellos que lo han aplicado en sus vidas han obtenido más de lo que puedan imaginarse jamás. Y aquellos que no lo han aplicado en sus vidas, no han conseguido nada. Estar de pie a la puerta de una joyería no te va a hacer rico. Los guardias de seguridad de una joyería están ahí de pie día y noche, y eso no los hace ricos. ¿Por qué estás ahí? Fijaos en los guardias, ¿creéis que los guardias sufren como los prisioneros? Porque, ellos también están en la prisión, pero no es lo mismo. Aplícalo y lo conseguirás, no hay ninguna duda al respecto. La gente solía pensar que qué sabía yo. ¿Qué sabía yo? Porque era muy joven. A donde quiera que iba, decían “¿qué es lo que sabe él?”. Bien, este año voy a cumplir 50 años y he estado hablando a la gente sobre ello. Esto es real, averígualo por ti mismo, quien quiera que seas. ¿Sabéis cuántas explicaciones tenemos? Explicaciones, explicaciones”. ¡Y vaya si tenemos explicaciones! Están flotando sobre nuestras cabezas... Nos ahogamos en nuestras propias explicaciones. Y para todas las explicaciones que tenemos, no tenemos una explicación de por qué tenemos tantas explicaciones. (Risas) ¿Por qué hay tantas religiones? Porque tienen muchas explicaciones de Dios. “Así es como llegarás a la salvación.” “Así es como llegarás al cielo”. ¿Y qué pasa si te gusta más estar aquí? (Risas y aplausos) ¿Tienes una elección? ¿Puedes elegir? “No, no, no... hay esto y esto y esto, y el cielo”. Yo siempre digo esto: “¿vienes conmigo para garantizármelo?” ¿Qué pasa si el que está en la puerta dice no? Entonces, yo diría: “Oye tú, ven aquí, háblale a este tipo... él dice que no”. (Risas) Por supuesto, yo le diré a la persona que me acompañó: “Tengo dos malas noticias: Una es que no me dejan entrar y, dos, que tú tampoco vas a entrar”. (Risas) Puertas y puertas... Dios tiene grandes ojos... Tú necesitas ojos, necesitas ojos... Pero va a ser bonito, va a ser divertido. La gente está escuchando este mensaje y esto es en India. Y hablando de explicaciones, ¡hay tantas explicaciones en India! Y cuando digo lo que digo la gente dice “nunca antes había escuchado esa explicación”. (Risas) Y luego les digo: “Ésta no es una explicación. Os estoy ofreciendo la cosa real”. Y se quedan sorprendidos. Oye, ésta no es tu imaginación. No, esto es real, siéntelo, siéntelo. Siente esa paz en tu vida. Éstas no son fotos de pozos y ríos y gente bailando en el agua, ¡no! Esto no es eso. Ésta es la cosa real. Esto es lo que me preguntó una persona de las Islas Mauricio, él me preguntó: “¿qué es lo que haces? ¿Vas por ahí en el mundo, mostrándole a la gente fotos de pozos?” Y yo le dije “No, no, no, no. Yo me aseguro de que sacian su sed”. Siempre digo: “Vete y encuentra la paz, y si no la encuentras vuelve a mí, yo puedo dártela”. Disfruta. Disfruta de esta vida. Disfruta cada día y espero volver por aquí, y tendremos otra oportunidad de tener otro par de eventos. Y según vamos hacia delante, las cosas se pondrán mejor y mejor. Muchas gracias. (Aplausos) |